Crimen organizado, plataformas tecnológicas e IA: Juan Pablo Luna analiza los desafíos del contexto político y social actual en entrevista con radio Infinita

En el programa Mirada Infinita, el académico de la Escuela de Gobierno UC e investigador del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos, analizó los cambios en las formas de organización criminal, el impacto de las plataformas tecnológicas, los desafíos que plantea la inteligencia artificial y la necesidad de acercar la investigación académica al debate público.

Una conversación variada y extensa tuvo el profesor de la Escuela de Gobierno UC y de la Universidad de McGill (Canadá), Juan Pablo Luna, junto al periodista Juan Manuel Astorga en el programa Mirada Infinita, de radio Infinita, el pasado 10 de septiembre. El también investigador del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos (IMFD) y del Instituto Milenio para la Investigación en Violencia y Democracia (VioDemos) realizó una radiografía del contexto político y social actual en torno al crimen organizado, el avance de la tecnología y cómo esto repercute en las labores del Estado y la educación.

Al inicio de la conversación, Astorga citó el trabajo “Criminal Politics and Botched Development in Contemporary Latin America” (Cambridge University Press, 2023), del que Luna es coautor junto a Andreas Feldmann, para ahondar en la idea postulada por los autores de que la expansión de los mercados ilegales debe entenderse como un problema de desarrollo y no únicamente como un problema policial.

“Por un lado está la expansión de los mercados ilegales, que obviamente genera problemas de seguridad y criminalidad, pero tanto en sus causas como en sus consecuencias hay problemas de desarrollo. […] Una de las consecuencias que tiene la expansión de mercados ilegales y el crimen organizado en una sociedad es que no solo genera problemas de violencia, sino también de infiltración institucional, de corrupción institucional, de captura institucional, que eventualmente desvirtúan el tipo de instituciones que uno necesita para crecer”, explicó Luna.

Por el lado de las causas, agregó que hoy tenemos mercados formales que están frenados, problemas de crecimiento económico y dificultades para que la economía formal satisfaga las necesidades y aspiraciones de consumo de las nuevas generaciones, siendo ése el contexto en que los mercados ilegales empiezan a crecer. “Desde esa perspectiva, planteamos que esto tiene que ser pensado mucho más como un problema de desarrollo que como un problema meramente criminal o delictivo, enfocado solo en el alza de homicidios o las espirales de violencia que se generan”, agregó. 

Dónde hay que poner la atención: Crimen organizado más fragmentado y plataformas tecnológicas

Uno de los puntos centrales de la conversación fue el cambio en las formas de organización del crimen. Luna planteó que la atención suele concentrarse en grandes estructuras, como los carteles mexicanos y colombianos, el Tren de Aragua (Venezuela) o el PCC (Primeiro Comando da Capital, Brasil). Sin embargo, señaló que el fenómeno actual presenta una característica diferente: la fragmentación y atomización de esas grandes organizaciones. “Lo que hoy estamos viendo es una fragmentación de esas grandes estructuras y una capacidad de emprender en negocios ilegales e informales que eluden al Estado y su capacidad regulatoria vía plataformas tecnológicas”, mencionó.

A partir de esta transformación, el investigador planteó lo que definió como un “doble shock”: por un lado, la expansión de actividades ilegales que empiezan a comerle espacio a los mercados formales y al Estado; por otro, un shock tecnológico que permite hacer negocios de distinto tipo fuera de los mecanismos tradicionales de regulación. Entre sus ejemplos mencionó a Uber y a las apuestas online, que el Estado no logra regular. Luna contrastó ese esquema con la imagen más difundida del crimen organizado, asociada al control territorial.

“En esto lo que hay es una pérdida creciente del espacio que está siendo regulado por el Estado y por el mercado formal. Entonces, cuando pensamos la política y en un político que nos promete algo, su campo de acción, su capacidad de mover la aguja, en la realidad está siendo cada vez menos porque los mercados ilegales e informales empiezan a comerle espacio al Estado y al mercado formal. Hoy tenemos muchas de estas actividades funcionando en red, en la nube, en un espacio multijurisdiccional, que ni el Estado ni el sistema internacional pueden regular”, añadió.

¿Para quién estamos escribiendo? Inteligencia artificial y una sociedad ágrafa

La conversación también amplió la mirada hacia la inteligencia artificial y su impacto en la escritura y la educación, a propósito de los resultados de la prueba PISA 2025, publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que evaluó el desempeño de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países. Según el informe, entre 2015 y 2025 el promedio de los países de la OCDE cayó 28 puntos en lectura y 22 puntos en matemáticas.

“Acaban de salir las pruebas PISA, con resultados globalmente desesperantes en términos de comprensión lectora, habilidad matemática, etcétera, y al mismo tiempo estamos en un momento donde seguramente se escribe más texto que nunca porque se está escribiendo con IA. Entonces, ¿para quién estamos escribiendo?”, planteó Luna. “Tenemos una sociedad ágrafa, una sociedad que no lee y no escribe, y al mismo tiempo estamos con esta capacidad enorme de escribir con IA. Entonces, estamos en un momento analíticamente muy interesante pero muy difícil de vivir si uno piensa cuáles pueden ser las consecuencias de esto para adelante”, agrega.

Este escenario también plantea desafíos para las universidades. Según Luna, la irrupción de la IA está llevando a los académicos a replantearse cómo enseñar, cómo mantener la atención de los estudiantes y cómo entregar conocimientos y experiencias de valor en este nuevo contexto. A esto sumó lo que recoge en su trabajo de campo con jóvenes en Chile y Uruguay, donde, señaló, le han planteando que la universidad y la educación ya no tienen valor frente a la opción de emprender.

El desafío de traducir la investigación al debate público

Luna planteó también que la academia tiene una responsabilidad específica: traducir el conocimiento producido en la investigación a formatos que permitan participar de manera efectiva en la discusión pública.

“Creo que la academia tiene que hacer un esfuerzo de traducción y que parte de nuestro rol público es tratar de incidir en el debate público y de hacerlo en base a nuestra investigación, en base a la evidencia**, pero en un formato y en un registro que permita mejorar la calidad de la discusión pública**”, afirmó.

“Si estamos financiados con fondos públicos, parte de nuestro rol es tratar de que esa investigación tenga algún tipo de impacto relevante en la sociedad”, añadió.

Revisa la entrevista completa aquí: